El camarote de los adictos



Ayer tuvimos camarote de los hermanos Marx en la jaula que ocupamos en el Café 7 con nuestro mercadillo de libros de viejo y de saldo.

Los toxicómanos del papel tintado son gente de cuidado. Se agolpan frente a las mesas, hacen parapeto y van acumulando libros, concentrados en el escaneo.

Antes de vaciar las cajas ya estaban ellos metiendo mano, salvajes, sedientos.

Durante la primera hora fuimos expulsados tres veces por la multitud.

Gracias a las ventas hemos conseguido alejarnos unos milímetros del umbral de la pobreza.

No os preocupéis. Hoy habrá más carne fresca y encuadernada para llenar los huecos.

Entre la multitud apretujada se vieron carteristas, camareros, alemanes con libros de Ouspensky, pintores y poetas en feliz pelea, un chaval bailando claqué con un libro de Tagore, otro que leía absorto, entre codazos e insultos, Cuchillo casi flor de Luis Feria, un bizco que nadaba sobre un mar de cabezas con Asimov entre las manos y un niño arrastrándose entre un bosque de piernas con un cómic en la boca.

Una fiesta para caníbales.

No se la pierdan.